El pasado viernes, el Dr. Jorge Rachid visitó Chacabuco para participar en una charla en el salón de la Unión de Obreros Molineros de la Argentina (UOMA). Rachid es médico sanitarista, escritor, consultor de la ONU en materia de salud, profesor universitario y se ha desempeñado como miembro de la cancillería argentina durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
La actividad fue organizada por el titular de la UOMA a nivel seccional, Sergio Palmieri, y la precandidata a intendenta por una de las líneas locales de Unidad Ciudadana, Julieta Garello.
Luego de la charla brindada, Rachid brindó a La Posta una entrevista en la que sintetizo parte de lo que se trató en la actividad, y también respondió acerca de la realidad Argentina y latinoamericana, sobre el crecimiento de las derechas a lo largo del mundo, los peligros democráticos en la actualidad, y el rol del sindicalismo.
-Año electoral, con un panorama político, económico y social muy complicado en nuestro país. ¿Cómo analiza la situación argentina al día de hoy?
-Bueno, para eso tenemos que hablar, como mínimo, 24 horas (risas). La Argentina tiene complejidades que no tenía desde hace muchísimos años, en una situación que hay que definirla como de dependencia. Argentina no tiene únicamente una crisis de confianza, o económica, que existen, sino que todo eso son consecuencias de una enfermedad superior. El problema central es la dependencia. Se votó a un gobierno que ha decidido un camino realmente de automatización de la política a nivel continental, que está diseñado estratégicamente por Estados Unidos y que tiene como objetivo «alambrar» a América Latina por sus recursos naturales para los próximos años, desalojando toda experiencia que ellos llaman «populistas» que son las experiencias de gobiernos populares dispuestos a distribuir la riqueza entre la población.
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Esto ha sido objeto de un violento ataque a nivel continental, porque necesitan destruir ese imaginario de que los pueblos latinoamericanos podemos ser libres, como plantearon nuestros padres fundadores. Esto está sucediendo, viene sucediendo en escala, con Zelaya en Honduras, Lula y Dilma en Brasil, Lugo en Paraguay, Correa en Ecuador y la traición de su sucesión, el ataque impiadoso sobre Evo Morales en Bolivia, el ataque a Hugo Chávez y Nicolás Maduro, y en Argentina con la agresión constante sobre Cristina. Todo esto sucedió en un tiempo que si lo mirás cronológicamente, muchos podrán decir, cómo no me di cuenta que estaba sucediendo esto.
Y esto sucedía porque justamente, América Latina, se estaba poniendo de pie a partir de un proyecto desde 2005, que se llamaba Unasur, que va a volver a ser el proyecto de patria grande, donde América Latina está por sí sola en condiciones de construir barcos, aviones, explotar sus propios recursos naturales, fabricar medicamentos, y tener un banco propio para 450 millones de latinoamericanos. Si no somos capaces de mirar esto, no somos capaces de saber qué estamos peleando. Acá no se trata de una elección, de una candidatura, como nos hacen creer los medios de comunicación, que son parte de este juego, que nos quieren hacer mirar por el ojo de la cerradura, en vez de mirar satelitalmente lo que está pasando en el mundo. Esta necesidad de Estados Unidos se da porque viene perdiendo todas las batallas en el mundo, y se viene replegando sobre nuestro territorio.
-¿Por qué cree que se dio este vuelco a la derecha, también, de parte de las sociedades en América Latina?
-Es una buena pregunta. Ha habido un avance feroz e inhumano basado en un trípode sumamente dañino y perjudicial que se está expresando también en Europa, que es por un lado el cambio que ha pretendido el neoliberalimo. El neoliberalismo tiene dos componentes: uno que es cultural, que intenta romper todo lo que tenga que ver con los lazos solidarios de una sociedad. Instalar la meritocracia, una política darwiniana. Entonces usted se vuelve enemigo de su vecino: cuando él se queda sin trabajo, usted piensa «a mí no me pasa, porque yo soy mejor», y cuando a vos te pasa no sabés qué hacer. Eso también está forzado por los medios hegemónicos que dejaron de ser medios de comunicación para ser en factores de poder, lo cual hacen que manejen la información y la noticia en función de sus propios intereses. Hoy en tapa el problema de la Argentina es Samid, y no es el dólar a 45 pesos o que el 48% de los chicos menores de 14 años son pobres. Qué falta de respeto a la inteligencia, ¿no?
-Y la otra pata es la económica…
-Exactamente. El neoliberalismo instala la idea de la financialización. Es decir, que se puede producir riquezas con plata. Que la plata produce plata. Entonces los únicos que pueden producir son los que tienen plata, y destruye talleres, industrias, comercios. Aquel que invierte en función de una lógica capitalista sana si se quiere, que le permite ganar dinero en función de eso. Pero hay una tercera pata en América Latina: hasta los años ’70 había una escuela militar de Estados Unidos en Panamá que formaba a los futuros dictadores. Los militares iban a la escuela de Panamá, volvían y hacían un golpe de estado. Ahora la tercera pata son los jueces: se forman en el Departamento de Justicia de Estados Unidos, después vienen y persiguen a toda la oposición que no juegue a favor de sus intereses.
-¿Qué posibilidades hay de un golpe de timón en la justicia? ¿Es real la posibilidad de un cambio, la «democratización» como se planteó en su momento?
–Hoy lo que está en juego, es justamente, la democracia. La justicia es uno de los pilares de la democracia. La justicia, hoy como pilar, está bastardeada a ese nivel, que se le ha corrido la venda. Cuando el Parlamento, como hoy, deja de ser la representación de las mayorías populares; y un Ejecutivo dependiente, es una democracia sin destino. Deja de ser democracia. La democracia es el gobierno del pueblo, y si no se expresa en cada uno de sus estamentos, deja de ser democrático. Cuando en los doce años de gobierno popular se propuso una modificación de la justicia para llevarla a la elección de voto popular y por el control de los jueces, para que reexaminen como hacemos los médicos, cada cinco años, sus capacidades, se opusieron quienes hoy son gobierno. Si son funcionales a ellos los jueces se quedan, y sino, los echan. Quizás es uno de los peores momentos en la democracia para el sector judicial, de máxima degradación.
-Cambiando de tema, usted siempre estuvo muy ligado a la cuestión sindical. ¿Cómo está el sindicalismo en la actualidad? ¿Cómo ve, por ejemplo, el rol de la CGT?
-Yo creo que el movimiento obrero siempre ha tenido sectores que han sido más lentos y otros más combativos. A lo largo de la historia, podemos encontrar a las 62 organizaciones de pie, podemos referirnos a la CGT de los argentinos, etcétera. Pero el movimiento obrero es el obrero, no son los dirigentes. Y el movimiento obrero está actuando de una manera orgánica cuando se refiere a los sindicatos, porque son identitarios. Defienden sus intereses en el marco de un proyecto político.
Porque los sindicatos saben que no tienen destino si no hay un gobierno nacional y popular. Todos los demás gobiernos como éste vienen al ataque y a la conquista de los trabajadores, con flexibilización laboral, cercenando a las obras sociales, atacando a la base misma del sindicalismo. Incluso los que son menos combativos, tienen un límite, que se vio reflejado en las calles cuando todos los sectores del movimiento obrero se volcaron a una marcha para darle un mentís al gobierno. El movimiento obrero más los movimientos sociales están cumpliendo el rol de avanzada de combate al régimen. Algunos con expresiones más marcadas, otros presionando, otros tensionando, pero todos cumpliendo ese rol. Por lo tanto no veo en el movimiento obrero una situación de pasividad.



