El fin de semana, el canciller Faurie anunció al presidente Macri «tenemos el acuerdo». Se refería al acuerdo que el Mercosur logró con la Unión Europea, algo que nunca se había concretado, particularmente por las exigencias que buscaba la organización de los países europeos.
Sin embargo, no es para celebrar. Para lograrlo, el acuerdo establece condiciones desfavorables para nuestro país, de allí que se haya podido «lograr» el acuerdo, que en vez de festejarlo debería ponernos alertas porque significará básicamente la destrucción de toda industria que no sea primaria.
ACUERDO HISTÓRICO ENTRE UNIÓN EUROPEA Y MERCOSUR
— Mauricio Macri (@mauriciomacri) 28 de junio de 2019
El emocionado audio que me envió el canciller Jorge Faurie. pic.twitter.com/lWCfVyrmO9
El acuerdo significará para la Argentina que se exportarán las mejores carnes al exterior, y en nuestro país se pagará a precios internacionales. Asimismo, colaborará en que los únicos sectores que ganan dinero en nuestro depreciada economía (los agrícolas) multipliquen su fortuna, sin que ello recaiga en una mejora de la economía interna.
Los principales perjudicados serán las empresas que producen bienes manufacturados, en general, la industria nacional. La Argentina entregará materias primas y a cambio importaremos todo lo demás.
En 1933 Argentina había celebrado un pacto similar, conocido como Roca-Runciman. El pacto significó básicamente el reconocimiento de una estatus de subordinación con Inglaterra. Nosotros exportamos el cuero, ellos nos venden zapatos. Nunca fabricar zapatos, jamás.

Ahora es similar.
El hecho es coincidente con las políticas del gobierno de Mauricio Macri. Ningún país que quiera industrializarse (es decir, generar bienes con tecnología) puede hacerlo si no dispone de un sistema de investigación científica financiado por el Estado. Por eso los grandes países gastan inmensas fortunas en sus sistemas de investigación.
Macri lo destruyó totalmente. Hoy los científicos no reciben financiameinto para sus proyectos. Las becas de investigación han perdido toda capacidad económica para sostener a los becarios en sus tareas, y las empresas del estado han sido desmanteladas presupuestariamente. Caso: Arsat.
Esta no es más que la historia de la triste marcha y contramarcha de los proyectos políticos en la Argentina. Uno avanza en la industrialización del país. El que la sigue la destruye.
Por último, habría que dedicarle un capítulo a quienes creen que será un beneficio en dólares (o euros) para nuestro país. Como esas personas mienten acaloradamente, o piensan únicamente en su provecho personal, es claro que no avisan de una cosa: la Unión Europea tiene serios problemas para colocar sus productos industriales en el mundo. Por lo que el pacto no les dará pérdidas, bajo ningún concepto, a los europeos.
Los dólares que ingresen a nuestra economía irán a parar directamente a Europa, porque cuando vendamos 3 barcos de productos primarios, ya habrá tres barcos cargados de heladeras, lavarropas y cuanto bien de consumo los europeos quieran vendernos. Y habrá que pagarlos con los dólares (o euros) que ellos mismos pagaron.
Cambiar cueros por zapatos, está claro que no conviene. Algunos creen que los productos semiprimarios (agroindustriales) tendrán mayor salida. Se equivocan. Ese sector en nuestro país, luego de la modificación de las exportaciones, ha perdido sentido de ser.
La principal diferencia es que donde se fabriquen los zapatos habrá más manos de obra. Por ello puede concluirse que el pacto traerá como principal medida mayor desempleo en nuestro país y mayor empleo en Europa (donde el empleo escasea), ya que la mayor fuente de trabajo en la Argentina está representada por las industrias, y dentro de éstas, por las pequeñas y medianas empresas.
Otro estrangulamiento para los emprendedores argentinos y también para los trabajadores, muchos de los cuales creen esperanzadamente que el acuerdo con la UE traerá un mejor destino a nuestro país.

