Profesor, historiador, y prolífico escritor desde que, hace veinte años, editó su primer libro.  Roque Cattaneo, desde hace tiempo vive en Luján, y la semana pasada volvió a Chacabuco para dejar un poco de él mismo, para siempre, en la ciudad: sus nueve libros hoy están disponibles para toda la comunidad en la Biblioteca Municipal Leopoldo Marechal.

[Segunda parte de la entrevista con Roque Cattaneo: «Estamos destruídos como país»]

Luego de la entrega del material, en una confitería céntrica, el escritor charló con La Posta acerca de su obra, la historia oficial, la otra historia y la grieta, entre otros tópicos y recorridos que abarcó en esta entrevista.

-Entregaste tu obra, nueve libros editados, a la Biblioteca Municipal. ¿Cuál es la importancia que tiene para vos esto?

-En realidad, cada vez que editaba un libro guardaba uno para mí. Y luego pensé, que en vez de tenerlo yo, guardado, mis hijas los tienen, están en otros lados… me pareció que si tenían que estar en un lugar, tenían que estar en la Biblioteca de mi ciudad. A partir de este momento, de cada libro que edite, habrá una edición allí.

-¿Estás escribiendo un nuevo libro?

-Sí, estoy trabajando en uno para sacar este año, tal vez en septiembre o antes. Después del invierno. Sería el décimo. Y tengo escritas otras cosas para editar, por lo menos, los próximos cinco años dos o tres más. Escribo todos los días. Son libros de investigación, de lectura. Siete de los nueve libros son de historia argentina. También de lo que se llamaba filosofía de la historia. Este que va a salir ahora, el décimo, es un libro que tiene que ver con algunas reflexiones, frases cortas, que fui publicando en Facebook. Se fue juntando el material, con otro material corto que tenía, que son pensamientos, reflexiones. Se va a llamar «Pensamientos sueltos».

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-¿Sobre qué ejes rondan esos pensamientos sueltos?

-Son pensamientos filosóficos. Tiene que ver cómo uno se posiciona frente a la vida, frente al dolor, a la alegría, a la pérdida, a la angustia, al abandono, a la historia. Frente a las cosas que han pasado. Pequeñitas anécdotas de la historia universal que las rescato en diez o doce renglones. Y eso completa una obra que, en tiempo de lecturas cortas, ayuda. Podés leer un rato, leer tres pensamientos sueltos. Y si querés, seguís, y sino ahí cerrás y al otro día podés retomar. Creo que es un libro que cierra un montón de etapas mías de época que anduve por la poesía, por la prosa poética, por el aforismo.

-¿Cómo abordás a la historia en tus libros? ¿Cómo la estudiás desde hoy?

Mis libros de historia son libros que tienen que ver con una historia contada distinta. Muchas veces contada por los mismos protagonistas. Algo que no se hizo nunca. Está bien, o mal, pero no se hizo nunca. Nadie nunca se atrevió a eso. Un poco Félix Luna en «Soy Roca», pero no del todo. Yo, en «Un tal Mariano Moreno», lo tomo a Moreno, tomo todo lo que dijo en cartas, artículos de La Gaceta, lo pongo en su boca, él lo dice. Atrás, un telón de fondo, que es novelado. Ficción, literatura. Con esas dos cosas hago una historia distinta. Conocés el personaje bien, de manera histórica, porque todo lo dice Moreno lo dijo Moreno, probablemente de otras maneras, pero lo dijo. Eso también lo utilicé en la última parte de «Perón, Perón», donde Perón cuenta su exilio, y eso lo hace más rico, le da matices. Y lo estoy haciendo en una biografía novelada de Juan Manuel de Rosas que estoy haciendo ahora.

Hay una historia que no es la oficial

La historia siempre estuvo manejada por eruditos, científicos, donde no se podía decir blanco si no se tenía constancia de que era blanco. Presumiblemente, por ejemplo, Lavalle se suicidó. El cuento de que entró la bala por la cerradura y él justo estaba mirando agachado y le pegó en el ojo, es lo que dice la historia oficial. Para mí, por lecturas y un montón de cosas, se suicidó. Tenemos tantos motivos para decir que no como que sí. No está documentado. Si alguien me muestra la cerradura por donde pasó la bala, lo charlamos, pero eso no está.

-Hablás de «la historia oficial», y de que hay otros caminos. Desde hace algún tiempo, se instaló la batalla por el revisionismo histórico, por «la otra historia». ¿Creés que en algún momento ese lado de la historia estará al frente?

-Lito Nebbia decía que «la historia la escribe los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia». Ahí está la cosa, por ahí pasa. Hay una historia que no es la oficial, pasa en el mundo y pasa fundamentalmente en donde hubo colonialismo, imperialismo y genocidios. Hoy, 500 y pico años después de la invasión de España a este continente, seguimos discutiendo si fue o no un genocidio. Es una locura. Está probado que cuando Colón pisó América de norte a sur vivían entre 80 y 100 millones de habitantes. Un siglo y medio después, había 13 millones. Si eso no es un genocidio… Y si querés venimos a algo más actual: se sigue discutiendo el 24 de marzo. Hay gente que dice que murieron de los dos lados, que por qué no juzgan a los Montoneros… No es lo mismo, oiga. Fue terrorismo de Estado. Los Montoneros no usurparon el Estado para torturar, robar bebés, etcétera.

Rosas termina siendo el Perón de su época. Rosas fue el hombre más popular de la Argentina en el Siglo XIX

A nosotros cuando éramos chicos nos decían que San Martín se había exiliado porque quería educar a la hija en Europa. Mentira. Él quería educar a su hija en Mendoza. Pero Rivadavia le puso precio a la cabeza. Toda la historia argentina hay que revisarla. Hasta la década del 40, hasta el peronismo, prácticamente no se había revisado nada. Era la historia oficial y nada más. Desde 1955 en adelante, empezaron a comparar a Perón con Rosas, les decían tiranos, sanguinarios. Y muchos peronistas pensaron ‘bueno, si Perón a nosotros nos dio todo, y para estos tipos es un tirano, veamos cómo fue la historia de Rosas’. Y Rosas termina siendo el Perón de su época. Rosas fue el hombre más popular de la Argentina en el Siglo XIX. Pero te lo pintan aún hoy como un tirano, un asesino, un sanguinario. Algo hubo, ojo, pero no tanto. Pero sí hubo mucho, mucho, del otro lado. Las matanzas de Lavalle, de Paz, y después las matanzas de Mitre, de Sarmiento.

-¿Qué opinás sobre «la grieta»? ¿Qué te genera ese concepto y cómo se ha significado en la actualidad?

-Cuando escribí «Perón, Perón», lo presentamos con Darío Golía, que lo había declarado de interés legislativo en la Cámara de Diputados de la Provincia. Con Darío fuimos concejales juntos, había una amistad de por medio. Y en la presentación, un periodista se me acerca y me dice «Cattaneo, ¿Cómo escribió un libro de Perón siendo radical? ¿Se hizo peronista?». Y yo le respondí, «Si mañana escribo sobre Hitler, ¿me hice Nazi?». No, soy historiador. Escribí un libro sobre un personaje histórico.

Empezar a concientizar sobre qué nos pasó y nos sigue pasando

Esa grieta que hemos tenido en la historia argentina desde 1810, o desde que llegó Colón, o desde que los pueblos originarios se enfrentaban también por territorios y espacios, siempre nos dividió y nos va a dividir hasta el fin de los días. Es viejísima. Y esta grieta, la de ahora, es absolutamente light, es vegana te diría, comparada con la grieta de Unitarios y Federales, que se cortaban la cabeza de un lado y del otro sin ningún respiro. A la grieta del ’55 cuando detenían a las personas si pasaban por la calle cantando la Marcha Peronista. No se podía mencionar a Perón ni a Evita. ¿Se olvidan de eso? Estuvo proscripto el peronismo por dieciocho años. No se podía votar, nada. ¿Y eso cómo lo llamamos? O la grieta entre Madres, Abuelas y las Juntas Militares.

-¿Hay manera de saldar todo eso?

-Creo que se salda con una verdadera historia, con un compromiso de enseñanza. Empezar a concientizar sobre qué nos pasó y nos sigue pasando. Que todavía no pudimos cerrar ni las heridas más grandes, las más tremendas. Con mis obras trato de hacer un aporte a la lucidez.